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Desde  Ledesma, viajero

Al tiempo de caminar por la vida, me encontré recordando mis pasos en Ledesma. En España, en la comunidad autonómica de Castilla y León, específicamente en la provincia de Salamanca y a 35 kilómetros de tan bella ciudad se encuentra la ciudad de Ledesma. A la orilla del río Tormes, el casco histórico de la ciudad se antoja discreto, pequeño, con un castillo en ruinas y una traza que no hacen justicia a la importancia histórica del sitio.

 

Más allá de hablar de la calidad de frontera entre Lusitania e Hispania que durante los tiempos romanos ostentó la ciudad. Más allá de mencionar la itinerante presencia árabe en el sitio, lo que más me impresiona del pasado de Ledesma es el papel político que la ciudad y sus gobernantes tuvieron en el siglo XV. Me explico: Enrique IV de Castilla (1425-1474) tuvo una hija, Juana de Castilla, quien por derecho no sólo sería reina de Castilla a la muerte del padre, sino incluso reina de Portugal. Tras una serie de rumores cada vez más repetidos –en una especie de lo que hoy llamaríamos guerra sucia- se llegó a decir que en realidad Juana de Castilla no era hija de Enrique IV sino de un favorito de Enrique IV, Beltrán de la Cueva –quien llegó a ser Conde de Ledesma- por lo que a Juana le apodaron La Beltraneja para recordarle su supuesta calidad de bastarda.

 

A la muerte de Enrique IV, su media hermana Isabel se proclama reina de Castilla y tras una serie de batallas y conflagraciones políticas Juana La Beltranejaes sometida y obligada a renunciar a todos sus títulos en favor de su tía Isabel de Castilla y quien posteriormente sería la consorte de Fernando de Aragón, la historia los nombrará los Reyes Católicos.

 

Mientras observo el Tormes pasar por debajo del puente romano, caigo en cuenta del papel que tuvo el señor de Ledesma en tan importante hito de nuestra historia, y digo nuestra historia porque de haber sido Juana reina de Castilla y de Portugal, no creo que hubiese habido la necesidad de una línea alejandrina para repartir las colonias del nuevo mundo. ¿Qué hubiera sido de nuestro actual continente americano sin la división entre España y Portugal? Se antoja ocioso pensarlo, pero la tarde se antoja bohemia y especulativa gracias a los efectos del vino casero que me dio la bienvenida a tan discreta pero no por eso menor ciudad.

 

Escrito por Erick Aguilar

Aprendiz de ser humano, viajero en capacitación, bibliófilo consumado y sociólogo consumido

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