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Desde la Cuarentena 11ª parte, viajero

Al tiempo de caminar por la vida, me encontré al igual que millones de personas en todo el mundo en cuarentena. Es increíble la oferta de actividades a distancia que de un tiempo a la fecha se ha gestado. Webinars, seminarios virtuales, mesas virtuales, videoconferencias e incluso alguna que otra clase online ofrecen gratuitamente un asiento remoto para quien este interesado en ocuparlo. No hablo de las clases online a las que tristemente se ha reducido la educación formal en los últimos meses, hablo de foros con especialistas, de expertos que comparten no sólo conocimiento sino parte de sus vivencias; hablo de diálogos que trascienden fronteras, husos horarios y fronteras disciplinarias. La cámara de una laptop se vuelve el reflector que nos distingue entre mil y un imágenes de la multimedia.

 

Siempre he sostenido que derivado del uso que el ser humano le dé al internet es que este puede ser la mejor bendición o la peor maldición para nuestra especie. Me ha tocado estar del lado que aprovecha la tecnología para repetir ese viejo –e infalible- principio de producción del conocimiento: la dialéctica. Ante una tesis y su antítesis veo cómo las videoconferencias dan pie para que todos los implicados –ponentes y público- forjen sus propias síntesis y de nuevo ponerlas en la arena de las ideas y confrontarlas con nuevas antítesis y reiniciar ese bello ciclo epistemológico.

 

No sé si estamos asistiendo a la muerte del claustro académico como lo conocemos en donde el magister y pupilo precisaban existencia y corporalidad –ojalá no sea así- no sé si en el infinito mar de bits y códigos fuente el conocimiento y la ciencia sean desplazados por la pandemia de desinformación, mentiras y banalidad que lleva expandiéndose años en el ciberespacio y que encuentra su mayores exponentes en ese hato de influencers incapaces de poder expresar una idea o palabra mayor de tres sílabas. En pocas palabras no sé si estamos asistiendo a la consolidación de la idiotización global de las sociedades vía remota o si la semilla de un nuevo renacimiento se ha plantado en algún lugar del ciberespacio. Por mi parte me gusta creer que invitar a mis alumnos a este tipo de eventos contribuye a dotar de sol y agua a esa bella y frágil semilla.

 

Escrito por Erick Aguilar

 

Aprendiz de ser humano, viajero en capacitación, bibliófilo consumado y sociólogo consumido

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